Actualización:  3 abril 2005

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                                                                                             ANÍBAL BARCA,

                                              el hombre  que hizo temblar a Roma

"Se dice que Aníbal, cuando apenas tenía nueve años de edad, había suplicado a su padre, que le
llevase a España. Entonces Amílcar, que estaba preparando por medio  de un  sacrificio a su 
ejército para trasladarlo a este pais, llevo a su hijo ante el altar, hizo que sus manos tocaran las 
ofrendas y le obligo que jurase hacerse enemigo del pueblo romano..."
                                          (TITO LIVIO, Decadas; Libro XXI)

 

 

 

 
   
 
Aníbal Barca (En púnico, Hani Ba'al —«gracia de Baal»— Barqā —«el rayo»—) (* 247 adC – † 183 adC), hijo de Amílcar Barca, fue un general cartaginés perteneciente a la dinastía Bárcida, que destacó por sus campañas contra los romanos. Está considerado uno de los líderes militares más importantes de la Historia por sus excepcionales habilidades en la táctica y la estrategia en el campo de batalla.

 

 

 

 
 
 

Aníbal cruzando los Alpes. Museo Capitolino, Roma
   
Anibal cruzando los Alpes, Goya 1770, col. part.

En 1770, Goya se fue a Roma y sobrevivió mediante sus obras de arte, envía un cuadro al concurso organizado por la Academia de Parma con el tema Aníbal

 

 
 
 
                                           Busto de Aníbal Barca
 
 
219 a.C. Tras la derrota de la !ª Guerra Púnica, que le costó a Cartago la pérdida de Sicilia, los cartagineses vinieron a la Península Ibérica a a establecerse y resarcirse con sus minas y otros productos, de la enormes pérdidas  y del tributo que Roma les había impuesto.
Cartago Nova se fundó en 228 a.C. Solo nueve años después, Aníbal estaba a las puertas de Sagunto.
 
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A la muerte de Amílcar en 228 aC, Asdrúbal el Bello quedó al mando del ejército cartaginés en Iberia y, asesinado éste en 221 adC, el ejército eligió a Aníbal como general. Sin embargo, como sucediera con Asdrúbal, en Cartago el nombramiento fue mal recibido entre los aristócratas, denominados "Los Viejos", defensores del nombramiento de Hannón el Grande, ya que consideraban que era peligroso convertir el mando del ejército en un cargo hereditario y más cuando lo ostentaban miembros de una familia demócrata, como era el caso de los Barca. A pesar de ello, el Consejo púnico confirmó el nombramiento hecho por la tropa.

Vistas las dificultades finalmente superadas de su nombramiento, Aníbal decidió lanzarse a realizar conquistas que demostraran su pericia en el mando y saciaran la sed de oro de los ambiciosos aristócratas que tanto habían desconfiando de la oportunidad de su mando. Recorrió el interior de la península ibérica durante dos años alcanzando con su campaña renombre militar, la confianza de sus soldados y tesoros inmensos para Cartago, llegando de esta manera a una situación en la que sí podría enfrentarse a los romanos. Para evitar una inminente confrontación entre Roma y Cartago, Asdrúbal, yerno de Amílcar Barca y general de los ejércitos cartagineses a la muerte de éste, estableció un tratado por el cual no se podía extender la influencia cartaginesa más allá del norte del río Ebro. La alianza entre Roma y Sagunto, firmada posteriormente al tratado, vulneraba este tratado debido a estar la ciudad en la órbita de influencia cartaginesa. Esa es la razón por la que Aníbal atacó Sagunto en el año 219 adC, provocando el estallido de la contienda.

La oportunidad se presentó a las puertas de Sagunto, a la sazón aliada de Roma, la misma ciudad que casi veinte años antes su padre había respetado al considerar que Cartago no se encontraba aún preparada para la guerra. Enfrascada en un pleito sobre los límites territoriales con Túrbula (la actual Teruel) atacaron a territorios pertenecientes a Cartago y Aníbal, con la autorización del Consejo cartaginés, respondió a las agresiones destruyendo por completo la ciudad en el año 219 adC, tras un sitio que se prolongó durante ocho meses.

Aprovechando este hecho como excusa, una embajada de Roma declaró la guerra contra Cartago, una guerra que estaba planeada hacía mucho tiempo, pero que había sido postergada por el escaso apoyo popular romano. Aníbal le confió la defensa de Iberia a su hermano Asdrúbal y partió en la primavera del 218 adC con 100.000 infantes, 12.000 caballos y 50 elefantes a la conquista de Roma. Su ejército estaba formado por libios (africanos) y mercenarios íberos que se habían ido uniendo al ejército cartaginés a medida que, primero su padre, luego Asdrúbal, y finalmente el propio Aníbal, conquistaran el territorio. De esta forma, Aníbal pretendía desviar el golpe mortal que recaería sobre la metrópolis cartaginesa mediante un ataque desesperado directo al corazón de la República Romana.

Dirigiéndose hacia el norte, llegó a vadear el Ebro, frontera con el territorio romano, sin hallar resistencia entre los pueblos que encontró a su paso. En este punto confió a Hannón 11.000 hombres para mantener las comunicaciones entre el Ebro y los Pirineos, lugar hasta el que continuó, atravesándolo y avanzando luego hasta el Ródano. A pesar de sostener algunos combates con los galos que encontró a su paso, consiguió firmar pactos con algunos de ellos, ofreciéndoles las riquezas que encontraran más allá de las montañas.

Hacia Roma [editar]

Ruta de Aníbal en su invasión de Italia
Ruta de Aníbal en su invasión de Italia

A medida que avanzaban hacia Roma, la infantería de Aníbal se redujo a la mitad, mayoritariamente por la deserción de algunas tropas novatas ibéricas que se habían unido a último momento motivadas por la fama adquirida por el estratega luego de sus victorias. Cuando Aníbal estaba preparando a sus tropas para cruzar el Ródano, un gran contingente de volcos, que habitaban en las cercanías del río, se situó en la otra orilla con la intención de evitar que los cartagineses cruzaran el río. Consciente de que por la fuerza no podría cruzar el río, Aníbal envió a Hannón con un destacamento de mercenarios íberos río arriba, con el fin de que cruzasen el río sin ser vistos y sorprendieran por la retaguardia a los volcos.

Así, remontaron el río hasta un lugar donde era menos profundo y al día siguiente, estas tropas bajaron hasta el campamento enemigo, cayendo sobre él y ahuyentando a los celtas, al tiempo que Aníbal cruzaba el Ródano. Aprovecho para hacer alianzas y para conseguir provisiones para el paso de los Alpes.

A finales de octubre Aníbal llegó al nacimiento del río Isère, al pie de los Alpes, emprendiendo sin demora la ascensión a las altas y nevadas cumbres. Desde una de ellas (quizá el monte Ginebra, el Col d’Argentière o acaso el monte Cenis) el general mostró a los suyos la llanura del Po y las campiñas romanas; nadie hasta entonces había cruzado por tales lugares con un ejército. Veinte siglos después, Napoleón conseguiría repetir tal hazaña.

A pesar de la oposición de los nativos (galos cisalpinos) y de la dureza del descenso, logró cruzar los Alpes pisando por fin suelo romano, dando al traste con los intentos de los romanos de mantener su territorio al margen de la guerra. Pero las bajas habían sido terribles; no quedándole más que 20.000 infantes y 6.000 caballos para hacer frente a un pueblo que podía oponerle un ejército de 80.000 soldados.

Tras un pequeño descanso para reparar su exhausto ejército, se enfrentó a los taurinos (de Taurini, la actual Turín), derrotándoles y prosiguiendo su avance a lo largo del río Po obligando a los romanos a evacuar la Lombardía por la superioridad de su caballería. La mayor parte de los galos cisalpinos (celtas), que conservaban el resquemor de la reciente derrota sufrida a manos de los romanos, se incorporaron al ejército de Aníbal, sobre todo tras su victoria en la batalla del Trebia, río afluente del Po, en diciembre de (219 adC) en las cercanías de Placencia, primera batalla formal entre Aníbal y los romanos de la Segunda Guerra Púnica.

Tras la victoria y asegurada su posición, Aníbal decidió acuartelar sus tropas para invernar, pero sospechando la deserción de los galos, determinó atravesar los Apeninos buscando al sur una base de operaciones más segura. Marchó en primavera de 217 adC sobre Arezzo, tan pronto como se lo permitió la estación, siguiendo los caminos pantanosos a lo largo de los ríos Arno y Clani que se encontraban en aquella época del año casi intransitables. A causa de un poco de barro, perdió un ojo y durante un tiempo fue llevado a lomos del único elefante que le quedaba tras el paso de los Alpes y las batallas con los romanos, su elefante Surus.

Aníbal Barca según representación de François Girardon en 1704, situado en el Patio Puget del Louvre. Aníbal se representa contando los anillos romanos tomados en la batalla de Cannas, el 216 adC
Aníbal Barca según representación de François Girardon en 1704, situado en el Patio Puget del Louvre. Aníbal se representa contando los anillos romanos tomados en la batalla de Cannas, el 216 adC

Atravesados los Apeninos y después de derrotar en la batalla del lago Trasimeno al cónsul Flaminio, que pereció en la batalla, avanzó hacia Roma, donde Quinto Fabio Máximo había sido nombrado dictador. En su avance derrotó a Marco Minucio Rufo y luego, en la batalla de Cannas en agosto de 216 adC, derrotó a los cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo recientemente nombrados y a su poderoso ejército de 80.000 legionarios con un ejército de tan sólo 30.000. Ese mismo año, tras un largo sitio, conquistó Capua, la segunda ciudad más grande de Italia, convirtiéndola en su nueva base.

A pesar de sus victorias no pudo aún marchar sobre Roma, que podía resistir un largo sitio gracias a sus murallas y su constante aprovisionamiento por mar. Tampoco era viable el asedio de la ciudad, porque Aníbal carecía de material de asedio y hombres suficientes. De modo que envió a su hermano Magón a solicitar refuerzos a Cartago. La respuesta, por boca de Hannón el Grande, no pudo ser más desalentadora: Si Aníbal es vencedor, no los necesita; si es vencido, no es digno de ellos, así Hannon demostraba su odio a Aníbal sin importarle el daño que le hacía a su patria. Sin ayuda exterior, su posición en el sur de Italia se fue dificultando, al tiempo que su objetivo de conquistar Roma se tornó cada vez más remoto. Por otra parte, le resultaba cada vez más difícil defender a los pueblos que habían estado bajo el yugo romano y que ahora se aliaban con Aníbal porque veían en él a su libertador dada la falta de efectivos. En los años siguientes ocupó las ciudades de Tarentum (actual Tarento) en 211 adC y Samnium en 210 adC, aunque también sufrió algunos reveses, como la pérdida de Capua.

Regreso a Cartago [editar]

Con la pérdida de Tarentum (actual Tarento) en 209 adC y la gradual reconquista romana, su posición en el sur de Italia estaba perdida. En 207 adC, Aníbal volvió sobre Apulia, donde quería concentrar sus fuerzas en espera de la llegada de su hermano Asdrúbal para lanzarse sobre Roma. Pero su hermano, aunque logró entrar en Italia, fue derrotado, falleciendo en el combate. Enterado, Aníbal se replegó en las montañas a esperar refuerzos; sin embargo, el resultado de la guerra, extendida ya por España y Sicilia, se fue tornando favorable a los romanos. El joven cónsul Publio Cornelio Escipión El Africano, que consiguió someter Sicilia y posteriormente Hispania , decidió trasladar la guerra a África para alejar a los cartagineses de Roma. Cartago, viéndose en peligro llamó a Aníbal que acudió, no sin antes saquear por el camino el tesoro público de muchas ciudades, dando así rienda suelta a su ira por tener que abandonar la lucha que durante 16 años había mantenido en tierra ajena sin lograr su propósito.

Una vez en Cartago, consciente del peligro que acechaba la ciudad, rehusó el enfrentamiento a pesar de las críticas del Consejo y se reunió con el general Escipión en la ciudad de Zama, 160 km al sur de Cartago, para negociar la paz, pero ante la falta de acuerdo los generales se retiraron a sus campamentos. Poco después, en el campo de batalla cercano a la citada ciudad, el ejército cartaginés cayó derrotado por la gran superioridad de la caballería romana (202 adC). Tras la derrota, el Consejo, por iniciativa de Aníbal, envió embajadores para que aceptasen el convenio de paz ofrecido por Roma, con lo que finalizaba la Segunda Guerra Púnica.

De regreso a Cartago, Aníbal se hizo nombrar sufete, equivalente al cónsul romano, cargo desde el que mostró sus dotes de estadista llevando a cabo algunas reformas por el bien de la república, como por ejemplo, poner coto a los abusivos tributos exigidos por Roma para la firma de la paz, de forma que pudieran satisfacerse a plazos sin necesidad de imponer al pueblo impuestos adicionales extraordinarios. Siete años después de la derrota de Zama, los romanos, recelosos de la nueva prosperidad de Cartago, enviaron embajadores a la ciudad; intuyendo Aníbal que pretendían que se les entregase su persona, embarcó en secreto para refugiarse en la corte de Antíoco III, en Siria.

Recreacion de un artista.
Recreacion de un artista.

Captado el afecto del rey, pensó en coaligarlo con Filipo V de Macedonia y los cartagineses para invadir Italia por segunda vez. Con el propósito de informar a sus amigos del plan, envió un hombre a Cartago. Sin embargo, el plan fue descubierto y su emisario obligado a huir mientras la República renovó sus promesas de lealtad a Roma. Cornelio Nepote afirma que tres años después de su huída de Cartago, Aníbal se acercó con cinco barcos a las costas de Cirene para inducir a los cartagineses a la guerra contra Roma, pero que fracasado su proyecto, volvió a Siria. En 190 adC, Antíoco es derrotado en una batalla de la desembocadura del río Eurymedon.

Tras la derrota de Antíoco en Sipilo, Roma impuso la entrega de Aníbal como condición para la firma de la paz. Avisado por Antíoco, Aníbal huyó a Bitinia para ponerse bajo la protección de Prusias. Sin embargo, Roma consiguió descubrir el destino de su mortal enemigo, enviando una embajada de la que formó parte Flaminio, para solicitar de Prusias la entrega de Aníbal.

Temeroso de la reacción que pudiera causar en Roma una negativa, pero sin querer faltar al deber de la hospitalidad, Prusias accedió pero diciéndoles a los embajadores que procediesen ellos mismos a su captura, ya que no les sería difícil encontrar su morada. La encontraron y rodearon con soldados todas las salidas del castillo. Aníbal, enterado de que no había escapatoria, tomó un veneno que siempre llevaba en su anillo y pronunció sus últimas y célebres palabras Libremos a Roma de sus inquietudes, ya que no sabe esperar la muerte de un anciano. Ese mismo año, en Italia fallecería también Escipión.


(1)El nombre púnico de ciudad nueva, no se sabe si fue en recuerdo de la antigua ciudad ibérica: Mastia o de Carthago, con el mismo nombre e idéntico significado; los griegos lo tradujeron en Kaine Polis, también Karthagedon (Karchedon), a veces Karthagedon Nea; los romanos lo romanizaron en Carthago Nova; el nombre de Cartagena viene a través del acusativo Chartaginem

Bibliografía